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Un cadáver es un resto complejo e inestable que ha dejado una persona después del acontecimiento irreversible de perder la vida. El cadáver es reconocible a las pocas horas por algunos signos que distinguen ese cuerpo del de una persona con vida independientemente del movimiento. Es decir, por una fotografía bien tomada podríamos ver signos evidentes de que la figura representada se trata de un cadáver y no de una persona vida.

El cuerpo de una persona vida desarrolla una actividad que tiene por objeto defenderlo del medio ambiente e intercambiar con él los elementos que son indispensables para la vida. En un cadaver eso deja de existir y evoluciona de forma pasiva hacia su descomposición por distintas fases que vamos a tratar aquí.

cadaver




Los signos básicos de muerte en un cadaver son los siguientes:

  • Palidez cadavérica: el color natural desaparece por efecto de no llegar riego sanguíneo a los capilares más próximos a la piel. El cadaver va adquirir un color parecido a la cera. Este cambio es muy rápido y se produce en las primeras horas desde el fallecimiento.
  • Enfriamiento cadavérico: la temperatura baja hasta la que permita el medio por lo que el cuerpo enfría rápidamente notándose de forma especial en las extremidades como manos y pies. El enfriamiento cadavérico es inmediato al momento del fallecimiento puede suceder que con la descomposición del cadaver se produzcan fermentaciones que de forma muy local mantenga una temperatura distinta del resto del cuerpo pero es evidentemente algo temporal e inestable.
  • Deshidratación: se produce por un fallo en la irrigación sanguínea, los tejidos absorben los líquidos por lo que el aspecto deshidratado se hace muy fuerte. Eso lleva también al aspecto acartonado de la piel que aumenta y refuerza la palidez.
  • Lividez cadavérica: se produce por acumulación a favor de gravedad de líquidos de tejido sanguíneo en ciertas partes del cuerpo. Serán como moratones que dependiendo del momento en que se produzcan respecto a la hora de la muerte podrán ser permanentes o no permanentes, pero después de 24 horas del fallecimiento dejan en todo caso de producirse.
  • Hipostasis cadavérica: se trata de la acumulación de líquidos cerca de las visceras y manchas azuladas en las partes más declives del cuerpo que se observan después de la muerte.
  • Rigidez: es natural que los músculos tiendan a contraerse por la falta de riego sanguíneo aunque este cambio será momentáneo pues más tarde recuperarán la laxitud.
  • Signos de destrucción: estos signos son los últimos en aparecer y se refieren en su versión menos dramática a la pérdida de funcionalidad de algunos músculos que producen descolgamientos como por ejemplo en párpados o mandíbula y en las fases más avanzadas la pérdida de fluidos y signos evidentes de putrefacción.

El cadaver irá evolucionando hasta su destrucción total quedando solo los huesos que pueden mantenerse muy largo tiempo siendo plenamente reconocibles anatómicamente. Cabe destacar en este proceso, la ayuda de los insectos para llevar a cabo esta reintegración del cuerpo a la materia.